Comercios centenarios en la calle de Toledo: historia viva de La Latina

Recorrer la calle de Toledo es como retroceder en el tiempo. Aquí se asientan algunos de los comercios centenarios del barrio de La Latina. Locales con tanto que contar como años en funcionamiento

La calle de Toledo es una de las más populosas de La LatinaNumerosas personas, entre vecinos y turistas, la recorren día tras día. Quienes viven en el barrio ya están acostumbrados a estos locales de toda la vida. Pero quienes pasan por allí por primera vez pueden contemplar sus comercios centenarios, que no han cambiado tanto con el paso del tiempo.

Casa Hernanz, en Toledo 18

Casa Hernanz abrió sus puertas en 1845, para dar servicio a los agricultores de Madrid. Esta alpargatería y cordelería es una empresa familiar que ya tiene a la cuarta generación tras los mostradores. Aquí se pueden encontrar desde alpargatas de todos los colores y tejidos, hasta hilos, pasando por todo tipo de cuerdas, redes, sacos y cestería. Los productos están fabricados tanto en fibra vegetal como sintética y tienen un proceso de elaboración artesanal.

Tras la Guerra de la Independencia y la posterior desamortización de Mendizábal, los madrileños comenzaron a utilizar alpargatas. A los agricultores y obreros de fábricas les gustaba por ser un calzado fresco, cómodo y con buen agarre. Quienes tenían más recursos se hacían con un par de zapatos tradicionales, que solo se ponía los domingos.

Casa Hernanz vivió en primera persona los desastres de la Guerra Civil. Por allí pasaron militares de ambos bandos para comprar sus productos. Todos prometían pagar pero nadie lo hacía, por lo que el dueño escondía el género cuando había militares cerca. Sin embargo, después de la posguerra llegaría una época de penuria porque las alpargatas fueron asociadas a la clase baja. En esos años, la tienda sobrevivió gracias a la venta de cuerdas. El Banco de España las utilizaba para anudar el dinero y Correos para apilar los paquetes.

Años después, en los 70, llegaría un nuevo boom para las alpargatas, puestas de moda por el diseñador Yves Sain Laurent. Empezaron a lucir en pasarelas de todo el mundo y mujeres como Jacqueline Kennedy o Marilyn Monroe las llevaban habitualmente. Hoy gente de todo Madrid y turistas, especialmente en verano, hacen largas colas para comprarse algunos de los modelos más modernos. 

 El Botijo, en Toledo 35

El Botijo lleva abierto en la calle Toledo desde el siglo XVIII. Es, por tanto, el tercer comercio más antiguo de Madrid. Comenzó como bazar, vendiendo todo tipo de productos. Años después se especializó en perfumería, droguería y pintura.

Uno de sus primeros propietarios fue Nemesio Palencia, que llegó a Madrid procedente del Valle de Valdivieso, en Burgos. Entró a trabajar como aprendiz y terminó convirtiéndose en el dueño del negocio en 1914.

Antiguamente, los comercios solían llevar el apellido de sus propietarios. Sin embargo, esta tienda lleva este nombre por el botijo que colgaba en su exterior los meses de verano. Una clara estrategia de marketing para que los vecinos se detuvieran en la puerta para beber agua y, de paso, decidieran comprar en el establecimiento.

El comercio tuvo tanta fama en el barrio que fue citado por Benito Pérez Galdós en Fortunata y Jacina y los Episodios Nacionales. Incluso Machado habló de él en un artículo acerca de las tiendas más famosas de Madrid. Entonces el local era muy frecuentado por personas procedentes de pueblos aledaños a la capital. Les movía el deseo de encontrar lo que en su localidad era imposible de comprar.

Farmacia de La Paloma, en Toledo 46

La Farmacia de la Paloma es una de las más antiguas de Madrid. Un local de los de toda la vida, donde se conoce a los vecinos por su nombre. La farmacia se llama así por la hornacina que muestra la imagen de la Virgen de la Paloma. Sin embargo la leyenda dice, que fue en este establecimiento donde se guardó el cuadro de la Virgen en la Guerra Civil para evitar su deterioro.

Con una larga historia a sus espaldas, la Farmacia de la Paloma es hoy un establecimiento plenamente actualizado. Aunque aún es posible hacer fórmulas magistrales en su rebotica. Con una preciosa decoración en madera, el establecimiento parece anclado en el tiempo. 

Aquí se puede ver una máquina registradora antigua y diferentes envases para la elaboración de ungüentos y fórmulas magistrales. En esta farmacia se conservan curiosidades como encapsuladores, un antiguo botiquín del siglo XVIII, jeringuillas de cristal o moldes para supositorios.

Casa Vega, en Toledo 57

Fundada en 1860, este pequeño negocio se dedicó en un primer momento a la venta de cencerros, aperos de labranza y productos para las bestias de carga. Sin embargo, hoy también sigue funcionando como alpargatería y cordelería. Sin olvidar la venta de artículos para guarnicionería y equitación, y lonas para toldos y hamacas. 

La ubicación de la tienda, cerca de la plaza de la Paja, y del Mercado de la Cebada, y junto a las posadas de la Cava Baja, justifica la venta de este tipo de productos. Los agricultores, ganaderos y pastores eran fieles compradoresde los artículos destinados a la vida rural.

Hoy, aunque ya no quedan apenas personas dedicadas a estos oficios, los clientes siguen llegando desde todos los puntos de España. Son atendidos por los bisnietos de Mariano de la Vega, el fundador. Y vienen buscando lo que ya se necesitaba hace más de un siglo: artículos de calidad y a la medida de sus necesidades. 

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