Dos farmacias centenarias en la calle Toledo con sabor a antigua botica

En la calle Toledo hay dos farmacias centenarias, la de La Paloma y la de la Fuentecilla. Las dos conservan su sabor a antigua botica, exponiendo al público algunos de los elementos relacionados con la profesión que se utilizaban el siglo pasado. Merece la pena entrar, aunque solo sea por contemplarlas. 

En la calle Toledo, del barrio de La Latina, hay dos farmacias centenarias. Pero para buscar los orígenes de la Farmacia en España hay que remontarse a los tiempos de la Alquimia, cuando esta ciencia no andaba tan alejada de la Medicina. Los primeros boticarios fueron monjes que atendían a los enfermos en los conventos, aunque no poseían ningún título que avalara sus actos.

La regulación del oficio

En tiempos de Felipe II el oficio farmacéutico pasó a estar más regulado. El monarca hizo instalar los primeros establecimientos oficiales dedicados a esta ciencia en el monasterio de San Lorenzo del Escorial y en el Alcázar de Madrid. Allí se formulaba y se atendía al público, por lo que se consideran los precursores de las actuales farmacias.

Hasta 1650 la Farmacia no se consideró una ciencia en sí. En este siglo, muchas de las personas que acudía a una botica lo hacían para conseguir un preparado de Triaca Magna, un polifármaco que incluía opio. A la hora de prepararlo contaba en gran medida la pericia del farmacéutico. De ahí que, quien podía permitírselo, acudiera a los mejores farmacéuticos de la época. Su vida estaba en juego.

La Farmacia de La Paloma

La Farmacia de la Paloma, situada en el número 46, es una de las farmacias centenarias que aún se conservan en Madrid. No está muy claro el origen de su nombre. Hay quien dice que es porque lucía una hornacina con la imagen de la Virgen de la Paloma. Otros opinan que el nombre se debe a que la procesión de la Virgen pasaba por la puerta del establecimiento. Una última leyenda argumenta que la farmacia se llama así porque fue la encargada de guardar el cuadro de la Virgen durante la Guerra Civilpara que no se deteriorara.

Su primer farmacéutico fue, probablemente, José Serra y Roca. Posteriormente pasó a manos de Julio Costales, pero al fallecer y no haber nadie en su familia que pudiera continuar el oficio, el negocio fue vendido a Rosa María Begoña Gómez Puyuelo, que compró la farmacia al ser una gran amante de las antigüedades. Lo recuerda su hija, María García Gómez, que la sustituyó años después en la botica.

Una farmacia llena de antigüedades

Una de las cosas que enamoró a Rosa María fueron todos los elementos antiguos que la farmacia poseía, y que se han conservado hasta nuestros días, convirtiéndose en un signo distintivo de la farmacia. Quien acude a la botica se encuentra con un bonito despacho de medicamentos, con anaquelería a los lados. Además, la farmacia tiene una rebotica para confeccionar y almacenar medicamentos.

Entre las antigüedades más curiosas está la máquina registradora, que funciona hasta hace relativamente poco tiempo, pero fue dañada durante un robo. Además, en el establecimiento se pueden encontrar jarras de la época y tarros de porcelana y cristal. También hallamos en este improvisado museo los principios activos de las fórmulas magistrales, un botiquín del siglo XVII, morteros para la fabricación de medicinasy hasta un molde de supositorios. 

Los anaqueles de la botica están llenos de materias primas y compuestos químicos necesarios para la elaboración de ungüentos y fórmula magistrales. Hay frascos de veneno y píldoras de pio, y jeringuillas de cristal.

Formulación de medicamentos

Cuando Rosa María se puso al cargo de la farmacia en la zona había otras tantas. Por ello, decidió diferenciarla del resto ofreciendo el servicio de apertura las 24 horas del día. Con el paso del tiempo, el horario se rebajó a 13 horas diarias, pero la farmacia se sigue caracterizando por la formulación de medicamentos. Se formula para clientes y para otras farmacias, y el servicio sigue teniendo demanda porque hay muchos medicamentos que no se comercializan. El público llega a la farmacia en ocasiones desde muy lejos para conseguir aquello que va buscando. 

Aunque todos los días pasa un público muy variado, por el lugar céntrico que ocupa la farmacia, también acuden a ella clientes de toda la vida. Es fácil verlos sentados en el banco del interior, buscando un rato de charla o los consejos de los farmacéuticos.

Farmacia de la Fuentecilla

En la calle Toledo también hay otra farmacia centenaria: la de la Fuentecilla, considerada una de las más bonitas de Madrid. Quien entra por primera vez en el establecimiento no puede evitar un murmullo de asombro. 

El ambiente no puede ser más castizo. La vista se pasea por antiguas estanterías de madera, el mostrador iluminado por antiguas lámparas y sillas bajas de madera de estilo castellano, con asientos de cuero, listas para esperar a que te atiendan. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like