Crímenes, secuestros y reyertas: el pasado de la calle de la Ruda

Atracos, secuestros, reyertas, crímenes, infecciones, falta de salubridad… la calle de la Ruda tenía muy mala fama a finales del siglo XIX y principios XX.

La calle de la Ruda, situada en el barrio de La Latina, no siempre ha sido el lugar que es hoy en día. Estratégicamente situada entre el nacimiento del Rastro y el Mercado de la Cebada, fue el lugar elegido para vivir por mercaderes y comerciantes. Pero en el siglo XIX, la falta de higiene y seguridadestaban a la orden del día.

Calle de la Ruda

El nombre de la calle se debe a un frondoso seto de ruda, una planta medicinal que se encontraba en el huerto del Convento de la Pasión. No a todos los vecinos les gustaba su intenso olor. Por eso en Madrid se generalizó un dicho que decía: ‘el que huele la ruda y besa a una vieja, no sabe lo que huele, ni lo que besa’

Un mercado al aire libre

Hasta 1936 la calle era el escenario de un mercado al aire libre que la llevó a ser considerada la más sucia y ruidosa de Madrid. Decía Benito Pérez Galdós en su obra Misericordiay refiriéndose a Benina, uno de los personajes: “no le era difícil adquirir comestibles a precio ínfimo (…) En los comercios para pobres, que ocupan casi toda la calle de la Ruda, también tenía buenas amistades y relaciones, y con poquísimo dinero, o sin ninguno a veces, tomando al fiado, adquiría huevos chicos, rotos y viejos…”.

La fama de la calle de la Ruda era pésima. Allí se vendían alimentos en mal estado a unos precios muy bajos. Aun así mucha gente los compraba porque era su única oportunidad de echar algo al puchero. Esto hizo que muchos madrileños se refieran a la calle como ‘el zoco africano’ Y en el periódico El País llegó a salir publicado: “La calle de Santa Ana sería una de las más sucias de Marruecos de no existir la de la Ruda, la calle más puerca del orbe”. 

Calle de la Ruda
Presencia policial

La presencia de la policía era constante en la zona, donde los robos con violencia y las peleas estaban a la orden del día. Solo entre 1849 y 1935 los agentes tuvieron que hacer acto de presencia en esta calle por delitos mayores al menos en 80 ocasiones. Las riñas y peleas entre los comercianteseran tan comunes que a menudo transcurrían sin que la policía hiciera acto de presencia.

Los asesinatos ocurrían por las causas más absurdas. En una ocasión, un vecino mató a otro porque cantaba tan alto que no le dejaba descansaradecuadamente. También hubo varios casos de asesinatos por celos, adulterio y pasiones mal entendidas. 

Un asesinato con navaja

En 1905, saltó a la prensa el caso de Aniceto Plaza, que acudió borracho al bar situado en el número 14 de la calle de la Ruda. El mismo local al que, por pura casualidad, acudió José del Río para terminar de beber los últimos tragos. Mientras José bailaba solo, Aniceto hizo un comentario sobre lo mal que lo hacía. “Eso ni es baile ni es na”, dicen los testigos que dijo. A lo que José le contestó airadamente. Lo efluvios del alcohol hicieron el resto y la pelea se trasladó a la calle. José murió de un navajazo. Un sereno contó a la policía que había visto cómo el asesino había salido corriendo del lugar. 

 Calle de la Ruda

Los dueños de las tabernas cercanas, pese a que también habían sido testigos de los hechos, se negaron a declarar. Un niño de 12 años, que trabajaban como mozo en una de las tascas, dijo que quien había dado la puñalada fue un amigo de Aniceto, que también se encontraba en el lugar. Estuvo a punto de ser condenado a muerte, pero el asunto se solucionó cuando el dueño de un negocio reconoció haber dado dinero a Aniceto para que se marchara a León, su ciudad de origen. El asesinato, uno más de los que ocurrían en la calle con peor fama de Madrid, quedó archivado.

El rapto de un niño

Treinta años más tarde El Heraldo de Madrid y ABC se hacían eco de otro acontecimiento ocurrido en la calle. Juana Villada hacía la compra con su bebé de dos meses en brazos. En la calle de la Ruda esquina a Cascorro se cruzó con María Lage, que se ofreció voluntaria para sujetar al bebé mientras ella hacía la compra. Juana, aunque con reticencias, aceptó. Pero cuando avanzó unos cuantos metros tuvo un mal presentimiento. Regresó sobre sus pasos para recuperar a su hijo, pero María y el bebé habían desaparecido.

Calle de la Ruda

María era la mujer del director de la cárcel de La Carolina, en Jaén. El matrimonio no atravesaba un buen momento. A María, obsesionada con dar a su marido un hijo varón, se le ocurrió simular un embarazo que no era real. Como necesitaba un niño para rematar su mentira, salió a la calle con el objetivo de llevarse al primer bebé que cayera en sus brazos. La improvisada secuestradora fue detenida cuatro días más tarde y el bebé regresó a los brazos de su madre. 

En la actualidad, la calle de la Ruda solo tiene en común con su pasado el trasiego de gente. Un lugar que desprende una gran vitalidady que ofrece el mejor ambiente a vecinos, madrileños y forasteros.

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