La calle de los Mancebos: la desdichada historia de unos muchachos acusados de matar al rey

La Calle de los Mancebos y la Calle Angosta de los Mancebos, ramificación de la primera, muestran en los baldosines que anuncian sus nombres una leyenda. Madrileños y visitantes se preguntan quiénes son los jóvenes que aparecen esposados en las cerámicas. Y por qué se encuentran entre una teja y una daga.

Situada en el barrio de La Latina, la Calle de los Mancebos va desde la Costanilla de San Andrés hasta la calle de la Morería. Tiene una ramificación, conocida como Calle Angosta de los Mancebos. Antiguamente eran muchas las calles que se denominaban “Angostas”. Hoy es la única de la capital que mantiene esa denominación.

Calle de los Mancebos

En estas dos calles, los baldosines de cerámica que sirven para presentar sus nombres, presentan una historia contada en capítulos. En uno de ellos aparecen dos jóvenes encima de un tejado, sujetando unas tejas. En la otra cerámica aparecen los mismos hombres esposados, junto a la teja y una daga. ¿Quiénes eran y por qué dieron nombre a las calles?

Una leyenda que no gusta a los madrileños

La acepción “mancebo” tiene dos significados en el Diccionario de la Real Academia Española. El primero de ellos es “muchacho joven” y el segundo “sirviente”. Si atendemos al primero de ellos la calle puede llamarse así porque en esta zona se alojaban doce pajes o criados del Marqués de Villafranca

Amigos de las fiestas y el jolgorio, desde la calle se podía escuchar perfectamente la algarabía que procedía del Palacio del Marqués de día o de noche. De ahí que la calle comenzara a ser conocida por este nombre. Incluso después de que la torre donde se alojaban fuera derribada junto con el resto del palacio del marqués en 1816. En su lugar se encuentra hoy la sede de la Real Academia de Ingeniería.

Calle de los Mancebos
La historia de los baldosines

Sin embargo, esta no es la historia que gusta a los madrileños. Para conocer la segunda leyenda hay que remontarse al 6 de junio de 1217. El rey Enrique I de Castilla, hijo de Alfonso VIII, se encontraba en la ciudad de Palencia jugando junto al Palacio Episcopal. Por entonces el monarca solo contaba con 13 años.

De repente, una teja impactó contra su cabeza, provocándole un desmayo y días después la muerte. Dos jóvenes que en esos momentos estaban subidos en la torre del palacio fueron acusados de haber lanzado la teja. Se les apresó y se les trajo a Madrid. Fueron encerrados por las autoridades en la residencia de los Lasso de Castilla, justo detrás de la Iglesia de San Andrés. 

Los jóvenes fueron acusados de asesinato y fueron degollados con una daga. Después, fueron enterrados en la iglesia de San Andrés, ante la imagen de la Virgen de la Minerva. La historia de los jóvenes corrió como la pólvora por la ciudad. La calle se la conocía como “Calle de los Mancebos”, en referencia a la juventud de los protagonistas del incidente. 

Con el sabor de antaño

La tranquila Calle de los Macebos es una de las antiguas de Madrid. Imposible no imaginar cómo se vivía antiguamente en estas calles pequeñas y serpenteantes.

Esta calle, aparece sin nombre en el plano de Texeira de 1656. En cambio, sí que aparece con la nomenclatura de los Mancebos en el plano de Espinosa, de 1769, aunque en referencia solo al tramo inicial, hasta la calle de la Redondilla. 

Mesonero Romanos describe su trazado como “estrecho, tortuoso y laberíntico”. De ella dice que “los rápidos desniveles del suelo, la caprichosa y estudiada falta de alineación en las casas y los restos que aún quedan de algunas de ellas, que han resistido al poder del tiempo hasta nuestros días, están evidentemente demostrando su origen arábigo”. 

De ayer a hoy

La primera noticia que tenemos sobre esta calle está relacionada con los Lasso, una de las dinastías más importantes del Madrid medieval. Esta dinastía quiso extender su casa ocupando varias manzanas, hecho que aparece recogido en las memorias de la época.

El 7 de diciembre de 1346, Alfonso XI otorga a Madrid el Estudio de la Villa, que se convertiría en la primera Escuela de Gramática. Se encontraba en la calle del Estudio Viejo, que era como se denominaba a la Calle de los Mancebos antes de llevar el nombre actual.

En los números 5 y 7 se pueden ver restos de la muralla cristianade los siglos XI y XII, cuando la villa pasó a la Corona de Castilla. Este recinto amurallado fue construido como una ampliación al de origen musulmán del siglo IX . Se levantó para dar cabida a los nuevos barrios surgidos tras la Reconquista. Con el establecimiento de la Corte en 1561 quedó en desuso y fue demolida casi totalmente. 

Si nos remontamos a la historia más actual, en 1902, en el número 12 ,nació el fotógrafo Alfonso Sánchez Portela. Hoy, la calle es transitada por vecinos y por quienes quieren disfrutar de la tranquilidad de un Madrid antiguo, donde hasta la cerámica que portan sus esquinas esconde leyendas. 

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