La Capilla del Obispo: el recinto donde nunca pudo descansar San Isidro

La Capilla del Obispo se llama oficialmente Capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, pero nadie la conoce por este nombre. Fue construida con la esperanza de que albergara los restos de San Isidro. Como no pudo ser, los Vargas la convirtieron en panteón familiar. 

Situada en la Plaza de la Paja, en el madrileño barrio de La Latina, la Capilla del Obispo, es uno de los pocos ejemplos de transición del estilo gótico al renacentista que se conservan en Madrid. El recinto está levantado sobre el solar de una antigua capilla erigida por Alfonso VIII en una manzana propiedad de los Vargas, uno de los linajes con más poder de Madrid. 

Francisco de Vargas, consejero de los Reyes Católicos, ordenó que se construyera el templo en 1520. Sin embargo, las obras fueron terminadas por su hijo, Don Gutierre de Vargas y Carvajal, Obispo de Plasencia. Por eso el recinto es conocido como capilla del Obispo.

Pensada para San Isidro

Al acabar la construcción, Don Gutierre de Vargas y Carvajal tenía un objetivo muy claro. Su intención era trasladar allí los restos de San Isidro, que descansaban en la contigua iglesia de San Andrés tras haberse descubierto su cuerpo incorrupto. Para ello pidió autorización a Roma y ésta fue concedida por el papa León X. Sin embargo,a la hora del traslado se encontró con la férrea oposición del párroco de San Andrés, que apoyado por los organismos eclesiásticos locales, impidió que se movieran los restos. 

El obispo tuvo que resistir pero su enfado fue tal que cerró la capilla por la parte iglesia y abrió otra puerta trasera, en la actual Plaza de la Paja. La capilla se convirtió entonces en panteón familiar. Los cuerpos de los padres de Don Gutierre, Don Francisco de Vargas y Doña Inés de Carvajal, fueron enterrados allí, al igual que el propio obispo. Nada en el interior de la capilla hace alusión al santo. 

Exterior e interior de la capilla

La Capilla del Obispo ha sido declarada Monumento Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural. Por fuera, la construcción parece más una fortaleza o un palacio que un edificio religioso. Eso fue lo que, probablemente, le salvó de los saqueos en la Guerra Civil en contraposición a la iglesia de San Andrés, que fue incendiada y destruida. 

Toda la fachada, de estilo sobrio, es renacentista, y realizada en granito. Lo único que destaca de su portada es un sencillo arco de medio punto. Una vez dentro, y tras atravesar la puerta de madera de nogal, observamos la capilla. Consta de una sola nave, dividida en tres tramos. Los techos tienen retazos góticos y bóvedas de crucería mudéjar, y la decoración es renacentista. Destaca su maravilloso retablo, de estilo plateresco, realizado entre 1550 y 1556 por Francisco Giralte, discípulo de Alonso de Berruguete.

Decoración del retablo

A ambos lados del retablo se encuentran las figuras de don Francisco y doña Inés, fallecidos en 1524 y 1518 respectivamente. Los cenotafios están labrados en alabastro de Cogolludo (Guadalajara) y representan a los esposos arrodillados, mirando hacia el altar. Las figuras, completamente idealizadas, son de una gran belleza y como fondo se pueden apreciar los santos de los que fueron devotos.

A la derecha, el conjunto se completa con el sepulcro del obispo, que se considera uno de los más destacados monumentos funerarios españoles. Fue esculpido por Giralte en 1566 y también está realizando en alabastro, siguiendo una composición similar a la de los sepulcros de los reyes Carlos I y Felipe II en El Escorial. El conjunto está tan bien valorado por la complejidad que tiene el trabajo del alabastro y la majestuosidad de las figuras, de tamaño natural y con rostros personalizados. 

Intervención de los Alba

En 1920 la capilla llegó a manos de la Casa de Alba y permaneció durante años abierta al público, pero sin demasiados cuidados. En 1980 Cayetana de Alba la cedió al arzobispado pero con la condición de su reforma. Una vez realizada, la Casa de Alba solicitó que el recinto fuese abierto al culto. La capilla fue cedida entonces a las Hermanas Dominicas del Cordero. Ellas son las encargadas del culto y la liturgia que, como curiosidad, realiza cantos en gregoriano.

Las visitas guiadas no se realizan en verano, pero reanudarán con el comienzo del curso escolar.Tienen lugar los martes, a las 10, a las 10:45 y a las 11:30, y los jueves a las 16 y a las 16:45 horas. Cuestan 3 euros por persona, que se abonan con un día de antelación al de la visita en el Museo de la Catedral de la Almudena. Más información en reservascapilladelobispo@archimadrid.eso en el teléfono 915 592 874.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like