La Cava de San Miguel y el misterio de su curvatura

La Cava de San Miguel parte de la Calle Mayor y llega hasta la calle de Cuchilleros. Es una calle muy visitada por el colorido de sus edificios, la vida de sus mesones y su recorrido en curva. ¡Imposible no pararse un momento a fotografiarla!

En los límites del madrileño barrio de La Latinade espaldas a la Plaza Mayor y soportando su peso, se encuentra la Cava de San Miguel. Esta calle tiene tanta vida como historia que contar.

Con un pasado medieval, ya aparece en el plano del cartógrafo portugués Pedro Teixeira con el nombre de Calle de la Cava de San Miguel. Posteriormente, en el de Espinosa es nombrada como Cava de San Miguel.

El porqué de su nombre

Muchas personas se preguntan por qué se llama “cava” y no “calle”. La razón hay que buscarla en los tiempos en los que Madrid contaba con una muralla defensiva de nueve metros de altura. Fue levantada en el siglo XI  o principios del XII, tras la reconquista cristiana y su misión era proteger la ciudad del ataque de posibles enemigos. 

En algunas partes, la muralla estaba rodeada de una fosa o “cava”, que era utilizada como un añadido defensivo al propio muro. La actual cava de San Miguel seguía el recorrido de esta fosa. 

Origen de la cava

La Cava de San Miguel tiene sus orígenes en los años en los que Madrid se estrenó como capital, en la segunda mitad del siglo XVI. En 1566 Felipe II decide integrar en la villa la plaza del Arrabal, hoy Plaza Mayor, por lo que se derribó la muralla. La cava o fosa tuvo que ser rellenada con toneladas de tierra para equilibrar el terreno y comienza a ser utilizada como calle, aunque la nueva plaza no se llevó a cabo hasta el reinado de Felipe III.

El nombre de San Miguel, sin embargo, procede de la cercanía de la Iglesia de San Miguel de Octoes. El templo fue derribado por José Bonaparte en 1819, pero la calle siguió siendo conocida como Cava de San Miguel por ser la que conducía hasta este lugar. Posteriormente se levantó aquí el Mercado de San Miguel, un precioso ejemplo de la arquitectura del hierro de la capital.

Su curva característica

Hay una cosa que distingue a la Cava de San Miguel de otras calles y es su curvatura. La causa se debe a la base que tienen los edificios de los números pares, mucho más ancha de lo que le corresponderían. El objetivo era sustentar con firmeza el enorme peso de la explanada de la Plaza Mayor, actuando como muro de contención.

El desnivel existente en la cava y la plaza se puede contemplar en las escaleras de piedra del Arco de Cuchilleros, que conduce hasta la Plaza Mayor. Por este motivo, la fachada trasera de las casas de ese lado de la plaza fueron la únicas que en Madrid tenían una altura de ocho pisos. Algo inaudito en aquella época.

El Madrid galdosiano

La Cava de San Miguel tiene algo que enamora y que hace que nos paremos a contemplarla cuando paseamos por ella. Algo parecido debió sentir Benito Pérez Galdós, cuando situó parte de su obra “Fortunata y Jacinta”, en el número 11 de esta calle. 

En uno de los episodios el personaje de Plácido Estupiñá se sitúa en esta vía: “Al llegar a la esquina de la Cava de San Miguel vio al sereno. Mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba hacia la rinconada de la calle de Cuchillero”.

Pasado y presente

Las casas pintadas de vivos colores, sus paredes de ladrillo visto, la curvatura típica de la calle o su ambiente, lleno de mesones. Una amalgama de sensaciones que conforman una de las calles más pintorescas de Madrid. Una vía siempre llena de gente y donde constantemente están ocurriendo cosas. 

Pasado y presente se confunden en apenas cien metros, regalándonos uno de esos lugares que en principio fue de paso pero, desde su sencillez, supo ganarse el corazón de madrileños y visitantes. Si paseas por ella, mejor hazlo sin prisas. Saboreándola de principio a fin.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like